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Cuenta una leyenda

Cuenta una leyenda que cuando Dios creó las constelaciones un puñado de polvo de estrellas se deslizó de sus dedos y cayó en el Océano Atlántico formando las siete islas Canarias. Cada lugar tiene sus leyendas pero hay que reconocer que una diversidad climatológica y paisajística tan grande como en este Archipiélago tan pequeño no es fácil encontrarla en otro lugar del planeta.

Tenerife, la más grande por dimensiones puede ofrecer en un mismo día las 4 estaciones en muy pocos kilómetros de distancia y pasar en poco más de una hora en coche de unos bosques densos y acariciados por una ligera nieblina a unas playas soleadas, blanca o negra.

Desde un paisaje lunar, esculpido por los volcanes, tras unas pocas curvas, se pasa a bucólicos campos de cultivo en las medianías, donde los viñedos se alternan a los castaños, las flores abundan en cada rincón y se mantienen durante todo el año. Hasta llegar a su alma tropical, la de las plataneras, de los mangos, las guayabas, las chirimoyas y las papayas, la de los jardines botánicos de aclimatación y una vegetación salvaje autóctona con endemismos únicos.

El clima privilegiado de las Islas Canarias.

Estas condiciones climáticas privilegiadas, la total ausencia de animales peligrosos, de fenómenos naturales catastróficos, frecuentes en otros lugares y una política de acondicionamiento de los senderos y de los rincones naturales más carismáticos, hacen que esta isla siga siendo el destino favorito de millones de turistas europeos y siempre más conocida a nivel internacional. Las ventajas de poder relajarse en una playa en los meses invernales o de visitar bosques de laurisilva, volcanes sin riesgo de erupción, ciudades modernas y pueblos pintorescos, disfrutando de todas las ventajas de seguir estando en Europa, transforman las Canarias en general y Tenerife en particular en "¡una tierra única!".

 

 

San Cristóbal de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad

San Cristóbal de La Laguna tiene un valor universal y excepcional por la concepción de su plano. Este conjunto histórico, es el arquetipo de la ciudad-territorio. Es el primer ejemplo de ciudad no fortificada, concebido y construido según un plano inspirado en la navegación, la ciencia de la época. Su espacio está organizado según un nuevo orden social pacífico inspirado por la doctrina religiosa del milenio que suscita el año 1500.

El plano de la ciudad se lee como el "mapa estelar", en que los puntos corresponden con puntos particulares de la ciudad y a las relaciones entre ciertos de estos puntos y un todo. Tiene un significado simbólico y se interpreta como una carta marina o un mapa de constelaciones de la época. La Laguna es, por todas sus características, precedente directo de las nuevas fundaciones urbanas americanas. La que fuera primera capital del Archipiélago conserva además en buen estado cerca de seiscientos edificios de arquitectura mudéjar y su trazado original, y es un ejemplo vivo del intercambio de influencias entre la cultura europea y la cultura americana, con la que ha mantenido un vínculo constante.

Todo ello lleva a que el 2 de diciembre de 1999, el Comité del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reunido en Marrakech (Marruecos), hiciera pública su aprobación del título de Patrimonio de la Humanidad para la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife.

Historia

Las islas Canarias se conocen desde la Antigüedad, cuando fueron llamadas las islas Afortunadas gracias a lo dulce de su clima y a la generosidad de su tierra. Durante la Edad Media se perdió la memoria de su existencia y tuvieron una historia particular en la que la población guanche dominó las islas. Fueron redescubiertas en 1312 por el marino genovés Lanceloto Malocello, que desembarcó en la isla a la que dio nombre: Lanzarote. A mediados del siglo XIV diversas expediciones mallorquinas llegaron hasta estas islas, como las de Jaume Ferrer y Arnau Roger, pero también llegaron vizcaínos, andaluces y portugueses. En 1344 el papa Clemente IV concedió las islas al infante castellano Luis de la Cerda con el título de príncipe de la Fortuna y la condición de emprender una «cruzada» de conquista. En 1402 Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle comienzan la conquista definitiva, pero ante las dificultades encontradas piden ayuda a Enrique III de Castilla al que ha de prestar vasallaje. De esta manera las islas entran en la órbita de la corona de Castilla. En 1477 los Reyes Católicos obtienen el derecho de conquista, cosa que inician al año siguiente con los capitanes Juan Rejón y Pedro de Algaba. La conquista de los últimos reductos se prologaría entre 1492 y 1496 de la mano de Alonso Fernández de Lugo. Las Canarias se harían fundamentales en la conquista de América a partir de 1492. Tras la entrada en la UE y a pesar de la situación de las islas, muy alejadas con respecto al núcleo de Europa, se integran perfectamente en la Unión Europea.

El Archipiélago vivía ajeno a los acontecimientos del mundo occidental hasta que, en el año 1344, el Papa Clemente VI concedió al príncipe Luís de la Cerda el señorío de las Islas Afortunadas con el título de Príncipe de la Fortuna. Esta concesión, del todo arbitraria, que se decidió a 3.000 kilómetros de distancia, cambió para siempre el rumbo de la historia del Archipiélago. Mucho antes de la llegada de los españoles, hubo una época en la cual Tenerife era gobernada por una autoridad única, el «Mencey» (Rey) de Adeje, que el historiador Viana llamaba Gran Tinerfe. El dividió la isla en nueve «menceyatos» (reinos): Taoro (valle de la Orotava), Daute (Garachico, Los Silos y Buenavista), Icod, Tacoronte, Anaga, Tegueste, Güímar, Abona y Adeje, gobernado cada uno por sus hijos varones.

 

Alonso Fernández de Lugo fue el encargado de conquistar Tenerife y desembarcó en la playa de Añazo, la actual Santa Cruz, en 1494 con un centenar de hombres. A esta altura del siglo todas las otras islas del archipiélago ya habían caído en poder de los castellanos así que su desembarque no cogió desprevenidos a los «guanches». Había empezado, pues, la conquista mas difícil y cruenta de todas, que ocasionó, como siempre, episodios de gran violencia y gestos heroicos, traiciones y suicidios, finalizando, dos años después, en el mes de Septiembre de 1496, con la definitiva derrota de los «guanches».

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Las Canarias, a lo largo de su historia, tuvieron que soportar muchas incursiones de barcos corsarios; incluso antes de la colonización fueron periódicamente visitadas por aventureros de toda raza y religión que le atacaban para hacer esclavos. En el siglo XVI, bajo los reinados de Carlos I y Felipe II sufrieron las invasiones de los franceses hugonotes y, en la segunda mitad del siglo, las de los piratas ingleses y berberiscos. La piratería inglesa tuvo su auge sobre todo en el siglo XVIII y fue un intento más de conquistar las islas por parte de los británicos en guerra con España, enviando personajes destacados como John Hawkings, apodado "Aquines", los piratas Drake y Blake y, sobre todo, el almirante Nelson que, en julio de 1797, atacó Santa Cruz de Tenerife sin fortuna alguna, perdiendo la batalla y su brazo derecho gracias a la heroica defensa del general Gutiérrez y de su séquito.

 

La conquista de las Canarias, que llevó casi cien años es el precedente de la conquista del nuevo mundo, basada en la casi erradicación de la cultura local, una rápida asimilación al cristianismo y en el mestizaje genético de colonizadores y nativos. Hasta 1498 no se promulgó la prohibición papal de comerciar con esclavos en Canarias. El puerto de Las Palmas fue uno de los grandes mercados de esclavos (negros y berberiscos) después de Sevilla. Una vez concluida la conquista de las islas y pasando a depender éstas de la corona de Castilla, se impone un nuevo modelo económico basado en el monocultivo (en un primer momento la caña de azúcar, y posteriormente el vino, teniendo una gran importancia el comercio con Inglaterra).

 

En esta época se constituirán las primeras instituciones y órganos de gobierno (cabildos y concejos). En Canarias se va a imponer también un régimen fiscal especial distinto al castellano que favorecerá el comercio con el exterior. Canarias también será la única excepción al monopolio de la Casa de la Contratación, pudiéndose comerciar directamente con América desde las islas, si bien con limitaciones. A partir del siglo XVI la economía canaria estará más ligada a Inglaterra y al Norte de Europa que a la Península Ibérica, situación que se mantendrá hasta la Guerra Civil Española en 1936.

 

Conquista española

Las Islas Canarias están presentes, desde siempre, en la leyenda, como aquellas tierras míticas que se encontraban más allá de Las Columnas de Hércules, del estrecho de Gibraltar, camino del Mar Tenebroso. Aquí situaron muchos autores clásicos el Paraíso, los Campos Eliseos o el Jardín de las Hespérides, aunque uno de los primeros testimonios fiables sobre las Islas se lo debemos a Plinio, en el siglo I.

 Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenerife, la Isla estaba repartida en nueve pequeños reinos o menceyatos: Taoro, Abona, Güímar, Anaga, Tegueste, Tacoronte, Icod, Daute y Adeje, al mando cada uno de un mencey, a quien asesoraba una asamblea de ancianos que se reunía en el tagoror. Los guanches, moradores prehispánicos de Tenerife, vestían con pieles y no hay constancia documentada de que dominasen el arte de la navegación pero sí de las batallas que libraban entre los distintos menceyatos y, posteriormente, entre estos y los conquistadores. Como curiosidad, estos antiguos moradores de las Islas usaban técnicas de momificación para algunos enterramientos, y muchas de estas momias se conservan hoy en día. Estas y los restos encontrados, por ejemplo, en enterramientos colectivos en cuevas, nos han dado una visión muy cercana de las duras condiciones de vida que soportaban, dedicados al pastoreo y la agricultura.

 La conquista del Archipiélago se inicia formalmente en 1402, con las incursiones de Jean de Bethencourt y Gadifier de la Salle, en nombre de Enrique III, en Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro. Tenerife es la última Isla que se conquista, ya durante el reinado de los Reyes Católicos. La lucha es sangrienta y los españoles, mandados por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, sufren derrotas espectaculares, como la de La Matanza, en 1494. Un año después, el Adelantado regresa con un nuevo ejército y cambia la suerte en la batalla de Aguere, sentenciando el triunfo español en La Victoria.

 A lo largo del tiempo, Tenerife ha estado unida a América como paso obligado de las naves hacia el nuevo continente. Los canarios participaron activamente como colonos en el nacimiento de naciones y ciudades. Fueron familias isleñas, por ejemplo, quienes fundaron las ciudades de Montevideo y San Antonio de Texas; y en la lista de defensores del Álamo abundan los apellidos netamente canarios. Venezuela y Cuba fueron los destinos tradicionales de los emigrantes tinerfeños.

 El descubrimiento de América y la penetración europea hacia el Índico a través de la costa occidental africana hacen de Canarias una encrucijada de las rutas marítimas, lo que las convirtió durante siglos en objetivo de piratas y ataques por mar. En 1797 el almirante Nelson trata de tomar, con sus naves, Santa Cruz de Tenerife. Es derrotado por el general Gutiérrez y pierde un brazo en la batalla.

 Como una constante en su historia, debido a su situación geográfica, Tenerife y las Islas han mantenido ciertas particularidades económicas y administrativas con respecto al resto del territorio nacional. Estas diferencias se plasmaron en la Ley de Puertos Francos de finales de siglo XIX (1872); en la creación de los Cabildos Insulares, que vienen a ser una especie de gobiernos de la Isla (1912); y con la puesta en marcha de la ley de Régimen Económico-Fiscal especial para el Archipiélago (REF), en 1991.

 En 1982, Canarias se convierte en Comunidad Autónoma y, en 1986, se integra, con el resto del Estado español, en la Comunidad Económica Europea, después Unión Europea. En la actualidad, su encaje en Europa se concreta a través de un modelo diferenciado en el Tratado de Maastricht (1992) y el Tratado de Ámsterdam (1997) y es recogido por el proyecto de Constitución europea, en el Tratado de Lisboa (2004), y el estatuto de Región Ultraperiférica (RUP).

 Cada uno de los pueblos y municipios de Tenerife conserva tradiciones centenarias cuyos vecinos mantienen con especial esmero. Dichas tradiciones están vinculadas a la cultura agrícola, en las zonas de tradición rural de las medianías; a la relación con el mar y la actividad pesquera; y la especial conjunción existente en la Isla entre sus habitantes y el territorio que habitan y sus especiales características.

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